Tras el tesoro de Florencio Xatruch: La agenda de Kessler
Y tras tirar el hilo, con la mano temblorosa, terminé entendiendo que la madeja es más larga que lo que la vista muestra. Pero que todos los hilos llevaban al tesoro, era más fácil encontrarlo que perderlo, al menos eso parecía hasta este día.
Fue en año 2003 que lo conocí, cuando participé en la Tarea Xatruch con 286 soldados hondureños como grupo de apoyo en Iraq. Hubo varias razones para entendernos rápidamente; que él hablaba español a la catracha aunque su inglés era nativo, que tuviera esa energía para entrenar al estilo Rambo II y, que el nombre de nuestra fuerza de tarea significaba para él mucho más que el apellido del gran general Florencio Xatruch.
Entonces, durante las tardes de póker, se sentaba en su portátil, conectaba un extraño modem que parecía comunicarse con Saturno e ingresaba a Internet casi a lo mismo: ver su perfil de Hi5, contestar cuatro correos, borrar el resto, y gastarse el tiempo en ver fotos en la página de Minas de Oro. Todos nos jugábamos bromas, él no muchas, llegábamos a quitarnos la sangre mezclada con el hollín del combate, él dejaba que se le secara en el cuerpo; decía que en honor a un ritual que solo tras veinte cabos he logrado entender la mitad.
Me regaló algunos libros, la mayoría de filosofía, masonería, ovnis y de cuentos clásicos. Me prestó –y nunca le pude devolver- más de 15 historietas de Obelix, seis libros de Tin-tin, unos pasquines a tono sepia de Kalimán y Memín. Era una colección exquisita, que había llevado consigo desde su primer viaje a Iraq, justo cuando su mamá se enfermó de las rodillas por la sola presión de no saber de él. Pero el documento que insigne de todo este mejengue fue una agenda, de esas que dan cada año en las empresas, llena de notitas amarillas, rayas, dibujos y mapas de principio a fin. Me contó el esquema de un par de hojas, pero mi pésima costumbre de leer poco se hizo evidente, cuando mencionó nombres que yo solo sabía de cliché; eso impidió que no fuera capaz de digerir mares de conocimiento que embotaban mi capacidad en una sola hora.
-Juan Lindo dejó marcada la pista en la placa del obelisco en Gracias, es una razón por la que frecuentaba Minas de Oro. Todo es una confusión, porque cuando demolieron la antigua alcaldía se dieron cuenta que el cuartel de Mariano Alvarez no fue allí, todo está en la guerra contada por Carlos E. Prahl
-Santos Guardiola se quedó con la otra pista, cuando Florencio se fue a Nicaragua. Por eso la condecoración se la dieron hasta en el gobierno de Ponciano Leiva, y no sin la intervención del amorío con una ascendiente del pintor Velásquez, de donde era originario Xatruch.
-William Walker tuvo su última noche un 11 de Septiembre, fue allí que confesó haberse hecho católico para ser presidente de Nicaragua. Por eso la maldición de los musulmanes en el 9/11.
-Los gringos que estuvieron en el Evangélico se reunieron con la secta del Zamorano, querían encontrarle un destino al oro. Jerónimo viejo lo incluye, pero la historia de los Sandoval y Carías va más allá de eso. Los que vivieron por La Mariguana sabían más, por eso se fueron a esa zona cerca de la pista y del cementerio.
-Tienes mucho que aprender, amigo- me dijo, mientras se quitaba el sombrerito de uniforme y con parsimonia colocaba la AK-47 sobre una mesita. Lo tomé como un saludo obligado, me hizo la señal para que me sentara en una butaca al lado del espacio que había acomodado como escritorio. Entonces, mientras abríamos una nueva caja de cervezas, inició un hilo que luego se separó en dos, luego cada uno en tres, y así hasta que llegaron las cuatro de la mañana en la primera noche. Como esta, tuvimos seis jornadas, mientras su cigarro estaba vivo y las cervezas frías.
En la séptima jornada lo noté confundido, me dijo cosas que no logré entender, y su tono tenía la actitud de mi padre cuando se iba a Estados Unidos, consciente que no sabía si lo volvería a ver.
-Se acabó- me dijo, en un tono cansado. Debes asegurarme que no insistirás en esto. Y acto seguido me dio la agenda. Luego, comenzó a desconectar sus tecnologías, que entendí como señal de cansancio y resignación por dormir aunque sea un par de horas. Mientras enrollaba cables al estilo ministro de iglesia, murmuró las últimas palabras que le escuché de él.
-Todo eso solo lleva al tesoro de Florencio Xatruch.
El día siguiente regresó a Fallujah, luego a San Diego, con su novia y su mamá. No lo vi en buen tiempo, hasta que recibimos la noticia que se había suicidado en su mansión. No hubo más explicaciones, solo un disparo en la cabeza. Entonces abrí la agenda en la última página y descubrí que esta vida parece ser tan simple por encima, como una cebolla blanca, pero solo es que quitemos una capa para descubrir que no es así. Una noche quise hacer un diagrama claro de la secuencia de momentos, tal como me las había mostrado Jonatán, de cábalas repetitivas, lugares, personas, Internet me explicaba a más no poder, pero fue imposible por mi desconexión con el entorno histórico.
Y esa es la razón, por la que hoy inicio esta madeja, porque yo mismo podría perder el hilo si no fuera que tras encontrar que la casa de Doña Rosita San Martín era solo una pista insignificante, que luego me llevó a la verdadera tumba de don Pedro Xatruch en el cementerio del pueblo, y de aquí a la bodega bajo gradas de la Escuela Evangélica Francisco Morazán, donde iniciaba todo. En la redacción del escritor de los viejos relatos catrachos, espero a largos trazos esbozar una secuencia que otros podrán retomar con mayor conocimiento de causa.
Estoy seguro que otros, que entienden mejor este entorno hondureño pueden dar con el tesoro, yo… apenas les traslado mi interpretación de los garabatos que Garry (Geri) Kessler hizo escribir a su hijo cada vez que mataban un cerdo en su propiedad.
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No muy largo, ni muy corto. Solo de 37.5 segundos a partir del contacto de mis secos labios con el plomo de lápiz labial en tu carnosa boca. Sin preámbulos, más que el abrazo bajo nuevas condiciones, suave, fuerte, intenso, hasta que pueda sentir tu respiración tras mi oreja izquierda y tu palpitar en mi esternón presionado por tu pezón derecho.

