La Iglesia

Eran años, cuando el nintendo, cable TV y la docena de tostones en una máquina de Jurassic Park no eran la mayor distracción, menos un domingo. Es más, todos los fines de semana eran siempre color celeste, nos bañábamos en el pozo malacate, comíamos moras en el regreso para calmar el frío y maliciosamente justificar la escapatoria de un quincenal ayuno que posiblemente salvó la mitad de nuestra existencia, y de nuestra salud.
El peinado postizo, sazonado con un poco de vaselina nos llevaba frente en alto, cuando pasábamos por La Trinidad, con la Biblia en imitación de desodorante hasta que la alfombra empedrada se detenía en la Iglesia Senda de Luz, justo al par de la casa de Doña Estercita (QEPD), donde con su complicidad nos gastábamos media ofrenda en crujientes espumillas color blanco hueso, luego nos sacudíamos los cachetes y entrábamos al recinto, que olía flores de jazmín, del jardín de Doña Choncita.

Eran otros tiempos, aunque cuentan los bloggeros que muchas cosas no han cambiado. Religiosamente a las nueve empezaba el culto, dos coros desentonaban nuestros alaridos, mientras nuestros ademanes acompañaban el “Tan grande es Dios”. Luego seguían tres himnos del libro azul, acompañados del gruñido del antiguo piano en los dedos de Alvarez, DéboraLily Cabrera, Omry Amaya, Pablo Raudales y otros atrevidos herederos de las clases de la Seño Margarita. Luego Nubia nos conducía a las aulas, donde nos contaban las mismas historias, pintábamos un inocente cuadernillo y aprendíamos un versículo al ritmo dispar de Julio Perico, Orlando de León, Adalgitza, Marcos Alvarez y otros chicos que se hilvanaban tres domingos de por medio. Cuando se vencía el tiempo prudencial, jugábamos X-O, molestábamos a las chicas o nos escapábamos por la ventana mientras terminaba el kilométrico mensaje de Don Wilmer Vega, Marlon Tovar, Joel Castañeda, Jairo, Baudilio, Raín…
Ciertamente eran otros tiempos, el evangelismo se practicaba en formatos convencionales, se repartían tratados a la espera que un domingo, un pecador se tropezara en la acera de la iglesia, y en vuelta de carnero cayera de rodillas en el púlpito, esperando no sabemos que pues no se hacía llamado, ni ministración por necesidades.

Anualmente un coordinador de jóvenes formaba seis grupos que se gastaban el año entero en preparar un drama bíblico que se degeneraba en mil ensayos y muchas veces no llegaba a Broadway. Sin embargo eran agradables prácticas, puedo recordar el Buen Samaritano, donde representé al burro, una sábana peluda cubrió mi espalda, cuatro medias de frío de Doña Dorila, de cola una trenza falsa de Doña Moncha fue suficiente para ganar la nominación. Nunca supimos que se hizo la sábana, la comezón me duró tres semanas y tras una réplica para internos mal ejecutada tuve pesadillas durante dos meses, hasta que la Profesora Esperanza, en su forzada sonrisa me felicitó. Otro drama interesante fue uno donde la Profesora Lety Amaya era mi madre, Soledad Castañeda mi tía y una chapa de Pepsi “aquella medallita” je,je,je.

De cuando en vez las reuniones sociales amenizaban las rutinarias prédicas, algunos bequistas venían y los juegos solían ser divertidos en tanto otro fuera el avergonzado. Un día Daniel arrojó una silla al suelo, con el ojo negro de chinola ante un sangrón juego de Yamileth, cuando era novia de Celso. Me confesó que estuvo a punto de perder el ojo, y hasta el día de hoy los fondos de botella le han gastado medio presupuesto.
Generalmente los pastores venían de afuera, rigurosamente egresados del Seminario de Guatemala. Iniciaban con gran valentía, hasta que sus reformas sucumbían ante la tradición conservadora del concilio de ancianos, resignados daban seguimiento al paseo anual, el viaje evangelístico, reunión femenil, escuela bíblica vacacional y otras actuaciones que le permitieran esperar el relevo sin perder la pasión por las almas. La censura al aplauso, al evangelismo apasionado y necias discusiones por el vestuario ahuyentaron más de algún visitante bien intencionado y provocaron más temprano que tarde una necesaria y muy dañina división en un pueblo que no ocupa dos iglesias a una cuadra de distancia.

La única influencia no conservadora la ejercían los maestros del internado evangélico, acostumbrados a ver iglesias que olvidan detalles innecesarios y se dedican a buscar almas sedientas de salvación. Aún así sus intentos terminaron en severas críticas, tal como el equipo de fútbol del Profesor Joel, la batería de los jóvenes, las cortinas de la Profesora Reina, los pantalones de la Profesora Soledad y el gusto por el buen vestir de la Profesora Nancy.
Parece que fue ayer, si no fuera por la traición de mis canas, podría pensar que su fachada es aún rosa y verde pastel a rayas verticales, con una inútil bocina incrustada arriba, el rechinante piano en el extremo izquierdo del púlpito y las dieciséis bancas enemigas de las ropas de seda. La mayoría está más cerca del cielo que del templo, no solo por su gran bondad sino por su edad, Doña Estercita, Doña Elia, Don Modesto… literalmente fueron ancianos, serviciales como poca gente en el mundo, buenas personas, muchos de ellos ya idos.
Nunca supieron nuestras irreverencias, como escaparse el domingo a ver “los magníficos” y correr en los últimos minutos, arrastrarnos bajo las pesadas bancas al estilo de los fantasmas de castellano o la travesura de la entrega de tratados, por la que mi madre casi llega a la hoguera por la creencia que los niños no eran capaces de ganar nuevas almas. Aún así disfrutamos sus confites el día del niño, sus regalos en el tesoro escondido, su invitación a la misión evangelística a Cedros. Algunas de sus intenciones o no las explicaron, o no las entendimos, perdimos buenos amigos por ser “mundanos”, nos resignamos a la negativa de la clase de hermenéutica porque nos faltaban dos meses para cumplir doce años, no reprimimos las lágrimas en la banca en un momento de intimidad con Dios, atribuimos muchas sanidades divinas a la Alkazeltzer o la casualidad e irónicamente llegamos a creer que los pentecostales no nos acompañarían en la misma sala del cielo.

Un día de estos se sentarán ambos concilios, decidirán volver a una sola iglesia y planearán algo a favor del muro de los lamentos que está a punto de desplomarse, en vez de esperar que CAM Internacional decida un enésimo proyecto.
La consigna antiarroba les impedirá ver el relato, quizá lo lean en la reunión de su concilio, nos amarán por nuestro buen humor y nos odiarán por nuestra percepción de infante. Razón por la que antes de su censura, con toda el alma les agradecemos su aporte a nuestras convicciones, gracias a ellos aprendimos a creerle a un Dios, sin verle, sin oírle, y en ese tiempo hasta sin sentirle.

Ahora cada vez que veo al pastor Eddye en el Messenger me pregunto:
-¿Recordarán a este cabezón, que algún día en el drama, con lágrimas reales gritó: “debe haber gente más urgida de Dios”? El resto de la vida me la he pasado pensando donde quedó la sábana... jejeje.


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  • 7 comentarios:

    Anónimo dijo...

    Buenisima!!!!!! vaya tiempos esos del himnario azul y cantos como: Firmes y adelantes.......ja ja,
    recuerdo a don Modesto dormido en el asiento de atrás... dejando escapar uno que otro gas...y doña Choncita despertándolo...
    Pero fueron buenos tiempos; allí se formaron nuestros mejores valores... que nos acompañan aun.

    Anónimo dijo...

    Mi gran amigo, utiliza muy bien usted la retórica, aunque dicen que los ingenieros no saben mas que de puentes....vino dotado por el Creador, de un don muy especial que pocos tenemos...el buen humor.
    Aunque no soy exIEMO, admiro su forma de poner sus experiencias en palabras y, aunque en ese tiempo talvez se sintió fuera de la "salvación", la alegría de vivir, de saber que uno está aquí disfrutando y de respingar ante el consabido pellizco de saber que vivimos....es un regalo especial que el Eterno de ha dado. Para ese entonces yo fantaseaba a Dios como un viejo metido en un batón supersucio, peludo y castigando almas que cuando llegaban les metía un enorme azador por el ano yles salía por la boca y al estilo tejano los rostizaba en un enorme fuego en un campo solitario. JAJA. Hoy me he dado cuenta que Dios es amor, que no aza a nadie, antes bien lo abraza en suluz infinita. Siga adelante haciendo uso de ese bello castellano y deleitándonos y haciéndonos recordar también momentos similares......riccastror.....

    Anónimo dijo...

    Excelente.....y dicen que los ingenieros solo saben de puentes....me encanta como usa la retórica. Es un regalo del infinito, un don para usted...siga utilizándolo.....aunque no soy exIEMO....a esa su edad yo andaba creyendo que Dios era un viejo que asaba en un asador que metía por el recto y salía por la boca y rostizaba a los pecadores al estilo tejano...jajajaja...

    Anónimo dijo...

    Tienes una manera tan especial en hacernos recordar cosas, momentos, lugares y personas que para algunos de nosotros parecian olvidadas... mmm creo que en casa de mis padres aún existe un himnario de esos.

    "Sigue adelante y cumple todos tus sueños".

    Anónimo dijo...

    ta clase! ta bien ute?

    Anónimo dijo...

    tanto me transporto, que me parece haberlo vivido estado presente y reirme del burrito

    Anónimo dijo...

    a estas alturas ya lo deben haber leido en el concilio...
    no te preocupes, o se rien o te excomulgan