Historias de Exito

Fue en los años de la urgente necesidad de Honduras por modernizar los procesos de administración de la tierra, cuando el Registro de la Propiedad y Catastro Nacional decidieron en su impulsivo matrimonio darnos la oportunidad de hacer un poco de historia al calor de un buen capuchino y destrabados modelos espaciales.

A un año del proceso nos invitaron a participar en los BE Awards, que galardonan los mejores esfuerzos mundiales en la implementación de tecnologías. Para un grupo de maniáticos por el trabajo después de las ocho de la noche, pagados tardíamente ese fue el mejor premio que logramos hasta ese momento y era suficiente, la emoción fue superada cuando nos mencionaron dos meses más tarde que habíamos sido nominados a un premio en la categoría de manejo de entorno (Managed Environment).
Las lágrimas de alegría crisparon nuestros rostros pues no es común que nuestros países latinoamericanos sean llamados a competir con los ciento sesenta mejores proyectos del mundo, entre ellos Crape Geomatics de Canadá, Sit Project de Italia, y otros de países acostumbrados a ganar.
Nos terminó de motivar cuando nuestros jefes gestionaron una capacitación que coincidía con la convención anual de Bentley Systems y donde podríamos presenciar la premiación y exponer nuestros esfuerzos ante un auditorio de peludos interesados.

- Si comemos hamburguesas y nos buscamos un hotel barato, podríamos ahorrarnos unos dólares de los viáticos y un canje con una cámara digital podría representarnos un sentido de realización – nos confesó Juan José – con sus párpados a media asta escondidos tras melancólicos anteojos de quien extraña la familia a las diez de la mañana y en una actitud de serenidad ante la posible sensación que causa competir en terreno ajeno.
Ya ganamos, aprovechemos la capacitación, disfrutemos el viaje y la nominación- terminó diciendo cuando arribamos al aeropuerto.

Llegamos así a Orlando, devoramos cuanta hamburguesa nos permitió el intercambio y las compensamos con la complacencia de la capacitación, mientras en las tardes estrenábamos nuestras nuevas cámaras que nos habían comprometido la existencia en el país del norte. El miércoles fue la premiación, vestimos nuestras mejores galas ante una fiesta que no tiene nada que envidiarle a la entrega de premios Oscar, los chistes son igual de sangrones pero sin la pésima traducción local. El inmenso escenario se veía miniaturizado por la dimensión de un salón que requería pantallas gigantes cada dos mil espectadores.
El menú era de miedo, una deliciosa ensalada en la entrada, acompañada de filetes amachinados a lo perverso que compartimos en una mesa redonda con siete japoneses.
A la hora de la premiación supimos que participaban en tres categorías por sus efusivos impulsos al ser nombrados, mientras pronunciaban extraños mensajes 繁體中文版!!!, luego al no ganar volvían a decir casi lo mismo en versión irreverente. A los pocos minutos volvieron a repetir la escena, se despeinaban sus gelatinados cabellos al respirar el premio 繁體中文版!!!, y luego bajaban su ritmo al despedirse del laurel.
En la tercera categoría que participaban era en la nuestra, manejo de entorno. Entonces supimos que si no habían ganado, esta vez lo harían.
Solo he sentido el patriotismo intensamente tres veces en mi vida: la primera fue cuando desfilé mi primer quince de septiembre en las empedradas calles de Minas de Oro, la segunda vez fue cuando Honduras le ganó a México por los penales, y la tercera fue cuando extraviado entre una muchedumbre escuché decir: “…y por ayudarle a un gobierno a administrar mejor su tierra el Primer Lugar es para Honduras con el Sistema Unificado de Registros SURE…”
Entonces sentí escalofríos, que algunos me han comentado sentir cuando les cuento el relato; empezamos a buscar nuestras olvidadas cámaras, al tiempo que los chinitos nos atropellaban con abrazos de asombro y desconcierto.

No siempre estamos acostumbrados a ganar, y aún cuando lo hacemos muchas veces no lo queremos creer.

Dedico este relato al grupo de héroes anónimos que en Comayagua pelearon una guerra ante un cansado monitor, en altas horas de la noche al ritmo de la deprimente música del “Chamaco”. El premio fue de Honduras, sin méritos personales; programadores, digitadores, técnicos y soñadores estuvieron involucrados en la implementación de SURE, una historia que aún tiene mucho por recorrer ante nuestras tradiciones gubernamentales.
Una semana después el anuncio salió en dos periódicos y fue necesario pagar la pauta por no ser una noticia amarilla.

Así como esta hay una historia de éxito cada día, esperando ser escrita, publicada y creída. En la medida que nos acostumbremos a contarlas con la emoción del momento, seremos más convincentes de lo grande que somos. Aunque para eso haya que nacer en El Salvador, amar como hondureño y pensar como Minorense.


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  • 3 comentarios:

    O dijo...

    Así se hace historia, así se escribe otra historia, para los que por mucho tiempo hemos creído que todo lo que lleva el nombre la palabra "Made In Honduras" no puede ser bueno, aquí esta la excepción a esta trillada y obsoleta regla.

    Irina Orellana dijo...

    Tuve la oportunidad de ver el sistema SURE en una visita que realice al IP (Instituto de la Propiedad). No se si sea éste el sistema del cual hablan. Si es así, deseo expresar que quedé muy impresionada cuando lo ví.

    Muchas felicidades por ese gran logro!!

    Golgi Alvarez dijo...

    Asi es Irina, a ese sistema se refiere el relato.