Estrepitosa

Recuerdo haberla visto esperar en silencio en cada acto cívico. Declamadora de familia, como las Navarro
también. Y mientras sus rodillas temblaban el mismo miedo ocho veces al año, impaciente soportaba la agonía de ser llamada; entonces salía al escenario en su potente declamación, tal como lo sabía hacer: estrepitosa.

No éramos muy diferentes, yo escribía la composición que tartamudearía en el acto cívico; ella ensayaba un gastado poema de Froylán Turcios. Yo temblaba de timidez, ella la escondía tras potentes ademanes cuidadosamente ensayados en espejo miniatura.
No recuerdo haberle hablado mucho, quizá por la sensación que produce enamorarse de la chica más linda de la ciudad y temer llegarle a gustar a la del pueblo. En muchos actos debí estar a su lado por la estatura, más por la mía que por la de ella.
Así transcurrieron cinco largos años. La veía todas las tardes desde la ventana de la dirección pasar frente al campo La Trinidad, la misma trenza, la misma pena, el mismo orgullo. Luego tomaba la escoba y apaciguaba mi beca para después aporrear el piano; ella subía la cuesta de Doña Choncita rumbo a su casa, a gritar su lección en la misma rama de jocote.

Debió ser la última en quedarse a ver sucumbir el Colegio Evangélico. Nosotros sufrimos al ver el telegrama de su muerte, ella le acompañó en su agonía. Luego soportó el mismo dolor en mayor razón cuando luchó como directora de la escuela y vio repetirse la historia en versión escolástica. Impotente ante la realidad, desesperada porque nadie creó una fundación de agradecidos que hubieran prolongado la agonía unos años más o al menos disfrutara un cierre con más gloria que pena.
Le perdí la pista cuando salí de Minas de Oro. Supe por su primo de su liderazgo juvenil, el cual ha abandonado un poco. Ahora siente nostalgia mientras otros lo hacen, con ardientes ansias de volverlo a hacer en una mezcla de heridas provocadas por haberlo dado todo y no haber sido compensada en igual proporción.

Linda, y soltera aún, ahora invierte sus minutos enseñando a clonados infantes de la aldea San Antonio, las mismas letras, el mismo texto, los mismos coscorrones. Ellos la recordarán siempre por haberles enseñado a leer y la olvidarán por quedarse a esperar. Aún así desborda en ellos la pasión de un huerto con olor a tierra húmeda, en recordatorio que no valemos tanto por lo engrandecido de los lugares hasta donde llegamos sino por el valor agigantado que toma en nuestros corazones el orgullo por el lugar de donde provenimos.

Quizá se quede por siempre en Minas de Oro, dando clases hasta ver pasar sus nietos por las despintadas aulas, luego se retire cuando llegue la jubilación como lo dice la costumbre y por supuesto el estatuto.

De ser así, su nombre seguirá valiendo tan verde cual lo canta. Es probable que se aburra de liderar infantes y retorne a vocaciones eternas. Lo cierto es que siempre estará allí, silenciosa, callada, esperando la oportunidad de salir al escenario y desbordar como agua de lluvia por la cuesta de los cáliz, estrepitosa.
Mientras tanto, seguirá esperando una carta a la antigua, con sabor a estampilla. Odiando la distancia, el olvido y el símbolo de arroba.



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  • 4 comentarios:

    Anónimo dijo...

    Realmente es hermosa la expresion personal que se hace sobre un humano, y especialmente con el ritmo literarario que se le dá a esta historia de una maestra de mi amado pueblo Minas de Oro, al que no deseo ver destruido por nada del mundo pues lo amo, yo me considero un poeta inedito he elorado tres libros de poemas, y considero que esta narracion sobre la maestra es bella. Realmente me conmovió y siento a mi pueblo ahora a mi edad muy o mas de cerca y lucho por que no se dañe.Se que Minas de Oro es uno de los pueblos altamente culturales en Honduras sin duda alguna y deberia realizarce eventos literarrios que motiven a la juventud y niñez a expresar sus sentimientos , no solo a Minas de Oro si no a Honduras. Yo apoyaria con todas mis posibilidades actividades de este tipo e invitariria a personajes de l pais a que visiten nuestro pueblo para que conozcan su belleza en todo sentido, porque observo que esta un tanto abandonado y para mi no es justo. mi seudonimo poetico es Jomafi.
    "El Ultimo Poeta", esto tiene su explicacion, en la que siempre y todos o todas los que surjan estaran primero que yo, con humildad siempre sere el ultimo de la fila en el aspecto literrario.
    En la proxima nota incluiré algunos poemas que le he hecho a mi grande y amado pueblo.
    Que DIOS bendiga a todos sus hijos en cualquier parte de la faz de la tierra que se encuentren.
    mi correo jomafic1@yahoo.es

    Golgi Alvarez dijo...

    Bueno, que bien que aparecen nuestros poetas escondidos. Manda tu material a poeta@minasdeoro.info

    saludos.

    Anónimo dijo...

    Estoy tan conmovida por el relato de esta historia que no pude contener mis lagrimas, es la costubre que a los seres humanos se nos jusge por las apariencias y no por lo que realmento somos, por lo que llevamos en nuestra alma y que se impreme atraves del tiempo en cada cosa que realizamos.
    Recordando en cada linea a qui descrita he vuelto sentir la alegria de la infancia y la nostalgia del poeta que describe a aguien tan especial, gracias por enviar este correo, ha sido lo mas hermoso en este dìa, siempre he dado gracias a Dios por mi familia!!! hoy nuevamente reconozco su favor para con nosotros!! Quisiera volar para que ella lo sepa pero ya lo dijo el poeta la sociedad injusta la a relegado y el uso de la tecnologia no esta a su alcance.

    nota: ESTARIA ENCANTADA DE SABER QUIEN ES EL POETA Y QUEN ENVIO SEMEJANTE BRISA DE FELICIDADAD A NUESTRAS VIDAS!!

    MIL GRACIAS"
    MAGDA

    Anónimo dijo...

    alero, y le gustaba la estrepitosa entonces?