Brujos de Ciencias Naturales
![]() | Muchas historias de brujería se contaban en Minas de Oro. Desde las y científicas como la sopa de camotillo hasta la señora que se convertía en lechuza por las noches y sobrevolaba las casas donde habían niños recién nacidos para comer sus ombligos con su lengua en forma de hilo que introducía por los agujeros del tejado. Generalmente había pruebas irrefutables como los juramentos en nombre del difunto o la tartamudez de la anciana a quien le cortaron el hilo en el momento del manjar. Sucedió en la clase de Ciencias Naturales, donde el libro indica que debes abrir un sapo clavado sobre una lámina de playwood. El profesor Manuel, molesto por la tozudez de los internos en no esforzarse por un apasionado encuentro con los anfibios en una noche de septiembre lluvioso. Amenazó con negar la entrada al laboratorio a quien no llevara su propio sapo. |
Fue una colección impresionante de especimenes. Los había en todos los tamaños y colores, desde blanco amarillento hasta verde esmeralda. Un chico llamado Angel y a quien llamábamos “el narizón” fue merecedor de aplausos por parte de las compañeras al mostrar un sapo que adornado de leche blanca parecía coliflor. Para evitar complicaciones con mi clase de piano me negué a la cacería nocturna de los internos y decidí llevar un conocido sapo que dormía en la leña seca de la cocina. Aquel animal se había acostumbrado a entrar cada tarde por una abertura entre la puerta y el piso de tierra. Mi madre lo sacaba con la escoba por la mañana de la misma forma que sacaba el gato del fogón. Al profesor no le fue difícil escoger: de todos los clones genéricos tomaron los más grandes, que con la algarabía se habían inflado como balones de fútbol americano. El mío fue seleccionado por ser diferente; su color café oscuro, con verrugas y apariencia de ser un sapo maduro le hizo merecedor de la navaja. No era agresivo como los otros, más bien semejaba ser hogareño por la postura que obtenía en la mesa, aparentando estar sentado en esas sillas de respaldo bajo que hacen en los pueblos. Muy interesante fue que el éter utilizado como somnífero no funcionó en el animal, por lo que debimos clavarlo despierto. Leonardo un grotesco chico hijo de un diputado de la cámara; logró abrir la panza del animal en la forma que decía el procedimiento del libro. Le mutilamos todo lo que a un animal le puede dar vida: el corazón, las vísceras, los pulmones y el sapo continuó haciendo movimientos. Finalmente lo desclavamos y con únicamente el pellejo que unía sus patas traseras con la cabeza el animal intentaba caminar mientras parecía mirarnos con ojos de presidente recién electo. En su cruel humor Leonardo lo aprisionó de los ojos con las pinzas y lo mostró a los estudiantes de otros cursos que salían de sus jornadas mientras gritaba ¡Muere animal estúpido! En casa no tuve valor de almorzar con tanto impacto visual, razón que me obligó a contar la historia. Mi hermana no quiso seguir comiendo mientras mi hermano interesado en la ración abandonada argumentó: -Entonces ese sapo era una persona. Me han contado que los animales que tardan mucho en morir son brujos mutantes y mueren en sus casas tal como el animal. Quedé congelado con la idea y solo recordaba cuanta tortura le propinamos al animal, al grado que esta historia la terminan de leer solo aquellos que son tan fríos de nacimiento o los altamente curiosos por leyendas de Minas de Oro. Esa noche no dormí tranquilo, soñaba con las palabras de mi hermano: - Esa persona siempre cuenta antes de morir quien lo mató. Me atribulaba la incertidumbre si había sido yo o Leonardo el que finalmente había acabado con la vida del sapo. Entre sueño y pesadilla pasaron por mi recuerdo todos los rostros de personas del pueblo que tenían semejanza a sapos: el señor regordete de la esquina del parque, la señora que echaba espuma de enojo y cada una de las anécdotas que mi madre había tratado de desvirtuar para ser la única que se moría de miedo en la última casa camino al cementerio. Me desperté con muchos ánimos, el recuerdo del descuartizamiento de batracios sonaba como obsesiva canción desgastada después de una noche. Tomé mis cuadernos de espiral con el logotipo del Instituto Evangélico y salí a la calle. Justo cuando cerré la puerta tras mis espaldas pude observar frente a la casa una caravana camino al cementerio. La mayoría eran mujeres que llevaban ramos de flores y vestían de ropas negras y grises. Caminé lentamente y puede ver entre el tumulto el un gris ataúd soportado por corpulentos hombres que marchaban a ritmo de camello sedientos. Le pregunté a la Señora Silvia, vecina inconmovible acostumbrada a este tráfico. -murió Clelia- me dijo. –apuñalada en su cama. | |
En apoyo a la cultura de nuestros pueblos y la sostenibilidad de la página de Minas de Oro, el relato completo solo está disponible en el libro.




4 comentarios:
Estimado Golgi:
Felicidades por el relato!Lo he disfrutado mucho.
Nunca tuve la oportunidad de abrir sapos o cualquier otro tipo de animal. Al menos, no lo recuerdo.
Lo que sí se escuchaba en mi pueblo, es que las mujeres que eran víctimas de algún mal, se retorcían del dolor, porque un sapo les había invadido sus entrañas.
Generalmente les llevaban ruda y agua bendita.
Saludos!
Que alegría contar con una página en internet de el bello pueblo que nos vió nacer y al que poco le hemos dedicado tiempo. Soy profesora de Ciencias, Psicologa y máster en Manejo de Recursos Naturales, Ecología y Paz. Mi sueño ha sido colaborar en alguna forma para que Minas de Oro viva del turismo que puede crear y que no sea destruido por sus mismos vecinos que piensan equivocadamente que la minería los sacará de penas. Minas de Oro, según las estadísticas es uno de los pueblos privilegiados de Honduras donde no existe la desnutrición del cuerpo como tampoco el analfabetismo que desnutre la mente. Porqué entonce acepta la actividad minera que destruirá no solo ese bello pueblo con su gente sino que muchos kilometros a la redonda hasta llegar al mar? Por que aceptar que se de la explotación minera? Los que entendemos, luchemos porque nunca se dé. Podemos lograrlo. Adelante!!!!!!!!!!
Un excelente relato. Se ve que el escritor tiene madera. Le sugiero que siga escribiendo y que algún día publique un libro.
Como profesora de Ciencias Naturales, aplazo al profesor que les hizo descuartizar el sapo sin dormirlo...solo había que ponerle más èter y meterlo en un bote bien tapado. Pobrecito animal, si se metió de brujo, le fue muy, muy mal.
Y saben? Para que todos los que lean el relato se sientan culpables. Hay crisis de sapos, por eso hay tanto dengue y malaria en todo el tròpico!!! y los burricos que fueron al colegio en Honduras son muy responsables, solo calcule en un año cuantos sapos se sacrificaban en el país si en un curso hay diez grupos, son diez sapos....y si son sapas...la culpa debe ser peor...cuantos millones de huevecillos matamos!!!! Jamás nos imaginamos que seríamos culpables hasta de traer el mosquito del dengue desde áfrica y otro que viene por hay desde vietnan....que causa el dengue asiático....
A propósito, cuántos de esos compañeros del relato llegaron a médicos para que valiera la pena el sacrificio del sapo de la leña que visitaba cada noche la casa del escritor....médicos o matasanos....
Pero de todas maneras, felicidades al escritor....yo también me siento culpable....e invito a todos a cuidar a los sapos ya que se comen a los zancudos....y si podemos, no importa que rueden como piedras por las noches....hagamos criaderos de sapos y tortugas....son vacuna contra el dengue.....
me encontres con 3 renacuajos hace un mes, y pues a la fecha uno ya es un pequeño sapito, los otros dos estas todavia en etapa de ranacujos una pregunta que comen los sapitos pequeños por que le he dado moscas pero no se las come???
Publicar un comentario en la entrada